QUE LOS MUERTOS VIVAN EN PAZ, OBRA GANADORA DEL PREMIO NACIONAL DE CUENTO JOVEN JULIO TORRI 2002
José Lara
Sala de prensa del CONACULTA. 27 de mayo de 2003
Personajes a los que suceden cosas extraordinarias, como librar una guerra de celos con una caricatura o tener relaciones sexuales con un santo, forman parte del universo construido por Julio Andrés García, en el libro Que los muertos vivan en paz, obra ganadora del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2002, convocado por el Programa Cultural Tierra Adentro y el Instituto Coahuilense de Cultura.
Se trata de una colección de trece cuentos (uno de ellos da nombre al volumen) que a decir del autor, abordan los problemas de los adolescentes, tales como el despertar de la sensualidad, la amistad, la traición, la venganza y la culpa; y las vicisitudes de los adultos, como la desesperanza, el abuso del poder, la mujer como objeto de satisfacción, la incomprensión y la locura.
En los textos de pronto sucede que los amigos compiten por una mujer, o que el amigo y la mujer compiten por un tercero. "La vida tiene todos estos matices y así se tratan en el libro, con un tono trágico, erótico y, sobre todo, humorístico. La muerte, es un tema que aparece constantemente en los relatos: la muerte física, las ilusiones muertas y los pueblos muertos, son algunos de los aspectos que se entretejen en ambientes rurales y escolares".
Al realizar este libro, comenta Julio Andrés García, se enfrentó al problema que deben sortear todos los que empiezan a escribir. Me preguntaba si el tema, el estilo o la forma de contar las historias eran realmente novedosos o si al día siguiente me encontraría con que ese cuento ya lo habían escrito. A partir de esto sentí la necesidad de construir historias circulares, con una trama definida y algo claro que contar al lector.
"Tal vez no descubran nada, pero se van a divertir mucho. Siendo un poco más optimistas, en algunos encontrarán historias sencillas con temas bastante jocosos; más de un final los va a sorprender y, seguramente, luego que paren de reír, los moverán a la reflexión".
En opinión del autor, aunque uno no escriba nada, siempre sale debiendo algo a los autores que ha leído. Nos pasamos la vida diciendo frases que se nos quedaron por bellas o inteligentes, aunque a veces ya ni recordamos dónde las leímos. "Los monumentos literarios -por decirles de alguna manera- nos van modelando desde niños, como si fueran otros padres; a veces ni siquiera tenemos conciencia de ello, pero hay varios a los que uno reconoce en sus textos con mayor claridad, yo he tratado de ensayar los juegos con el lector que a Cortázar le salían tan bonitos y trato de mantener vivo el sentido del humor, lo que admiro de Jorge Ibargüengoitia".
Sobre la producción de cuento en México, Julio García dijo que la proliferación de antologías de autores mexicanos y la existencia de páginas de Internet dedicadas al género, evidencian un buen panorama. La clasificación de los cuentos por regiones del país, por temáticas o por años, dejan ver que la creatividad y el trabajo de revisión son creativos y minuciosos.
"El diseño de páginas web relacionadas con el cuento permiten colocar nuestros trabajos al alcance de muchas personas, asimismo recibir consejos y críticas de los sectores más variados y a conocer el trabajo de otros. Desafortunadamente, la cultura de lector no avanza al mismo ritmo en nuestro país, ni siquiera los maestros tienen el hábito de la lectura, y por eso hay muy pocos creadores en edad escolar".
Julio Andrés García es licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Químico-biológicas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas y docente del área de Ciencias Naturales en el Colegio de Bachilleres, desde 1995. Algunos cuentos y artículos suyos han aparecido en la revista Con ciencias de la Unidad Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades, en Red emprendedora del COBAT y en las revistas virtuales Malasinfluencias, Ficticia y El cuento. Su obra Que los muertos vivan en paz será publicada próximamente por el Fondo Editorial Tierra Adentro.
Personajes a los que suceden cosas extraordinarias, como librar una guerra de celos con una caricatura o tener relaciones sexuales con un santo, forman parte del universo construido por Julio Andrés García, en el libro Que los muertos vivan en paz, obra ganadora del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2002, convocado por el Programa Cultural Tierra Adentro y el Instituto Coahuilense de Cultura.
Se trata de una colección de trece cuentos (uno de ellos da nombre al volumen) que a decir del autor, abordan los problemas de los adolescentes, tales como el despertar de la sensualidad, la amistad, la traición, la venganza y la culpa; y las vicisitudes de los adultos, como la desesperanza, el abuso del poder, la mujer como objeto de satisfacción, la incomprensión y la locura.
En los textos de pronto sucede que los amigos compiten por una mujer, o que el amigo y la mujer compiten por un tercero. "La vida tiene todos estos matices y así se tratan en el libro, con un tono trágico, erótico y, sobre todo, humorístico. La muerte, es un tema que aparece constantemente en los relatos: la muerte física, las ilusiones muertas y los pueblos muertos, son algunos de los aspectos que se entretejen en ambientes rurales y escolares".
Al realizar este libro, comenta Julio Andrés García, se enfrentó al problema que deben sortear todos los que empiezan a escribir. Me preguntaba si el tema, el estilo o la forma de contar las historias eran realmente novedosos o si al día siguiente me encontraría con que ese cuento ya lo habían escrito. A partir de esto sentí la necesidad de construir historias circulares, con una trama definida y algo claro que contar al lector.
"Tal vez no descubran nada, pero se van a divertir mucho. Siendo un poco más optimistas, en algunos encontrarán historias sencillas con temas bastante jocosos; más de un final los va a sorprender y, seguramente, luego que paren de reír, los moverán a la reflexión".
En opinión del autor, aunque uno no escriba nada, siempre sale debiendo algo a los autores que ha leído. Nos pasamos la vida diciendo frases que se nos quedaron por bellas o inteligentes, aunque a veces ya ni recordamos dónde las leímos. "Los monumentos literarios -por decirles de alguna manera- nos van modelando desde niños, como si fueran otros padres; a veces ni siquiera tenemos conciencia de ello, pero hay varios a los que uno reconoce en sus textos con mayor claridad, yo he tratado de ensayar los juegos con el lector que a Cortázar le salían tan bonitos y trato de mantener vivo el sentido del humor, lo que admiro de Jorge Ibargüengoitia".
Sobre la producción de cuento en México, Julio García dijo que la proliferación de antologías de autores mexicanos y la existencia de páginas de Internet dedicadas al género, evidencian un buen panorama. La clasificación de los cuentos por regiones del país, por temáticas o por años, dejan ver que la creatividad y el trabajo de revisión son creativos y minuciosos.
"El diseño de páginas web relacionadas con el cuento permiten colocar nuestros trabajos al alcance de muchas personas, asimismo recibir consejos y críticas de los sectores más variados y a conocer el trabajo de otros. Desafortunadamente, la cultura de lector no avanza al mismo ritmo en nuestro país, ni siquiera los maestros tienen el hábito de la lectura, y por eso hay muy pocos creadores en edad escolar".
Julio Andrés García es licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Químico-biológicas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas y docente del área de Ciencias Naturales en el Colegio de Bachilleres, desde 1995. Algunos cuentos y artículos suyos han aparecido en la revista Con ciencias de la Unidad Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades, en Red emprendedora del COBAT y en las revistas virtuales Malasinfluencias, Ficticia y El cuento. Su obra Que los muertos vivan en paz será publicada próximamente por el Fondo Editorial Tierra Adentro.
