EL DESPERTAR DE LA SENSUALIDAD, MUERTE Y FETICHISMO EN LA OBRA QUE LOS MUERTOS VIVAN EN PAZ
José Lara
Sala de Prensa del CONACULTA. 13 de febrero de 2003.
De Julio G. Pesina se dice que es un provocador. Su estilo incisivo se refleja con lucidez e ironía en su particular universo donde las historias encuentran en la tragedia, el humor y la brevedad su máxima virtud. La clave de sus cuentos -se comenta en las líneas de presentación de su libro Que los muertos vivan en paz, texto ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2002- descansa en el frágil destino de sus criaturas, estoicas o cínicas, pero invariablemente contaminadas por el misterio de su santidad caída.
A los personajes creados por el autor les suceden cosas extraordinarias: librar una guerra de celos con una caricatura o tener relaciones sexuales con un santo, son algunos de los conflictos y padecimientos que conducen de la jocosidad al desencanto. "Aquí caben todas las sutiles transgresiones cotidianas que nos revelan la ineludible soledad e incomunicación humanas".
Que los muertos vivan en paz incluye trece cuentos, uno de ellos es homónimo a la publicación, y varios abordan los problemas de los adolescentes, tales como el despertar de la sensualidad, la amistad, la traición, la venganza y la culpa; así como las vicisitudes enfrentadas por los adultos, incluidos la desesperanza, el abuso del poder, el maltrato a la mujer y su utilización como objeto de placer, la incomprensión y la locura.
En el cuento La venganza de Piolín el autor expone lo anterior con una claridad excepcional: "A mitad del semestre ingresó María Gloria a la prepa, con sus dientes perfectos enmarcados en aquellos alambres inútiles y sus ojotes verdes que se quedaron grabados para siempre en la mente de los muchachos. Pero si algo recordaba Luis con insistencia, podría decirse que hasta en forma enfermiza, eran sus calzones de Piolín, que viera un día que Mayoya subía las escaleras".
En los cuentos de pronto sucede que los amigos compiten por una mujer, o que el amigo y la mujer compiten por un tercero. Así, la vida de los personajes es matizada con tonos trágicos, eróticos y humorísticos.
La muerte, que es un tema recurrente en los relatos, se hace presente en distintos niveles: la muerte física, las ilusiones muertas y los pueblos muertos representan la urdimbre de las acciones en los ambientes rurales y escolares, descritos por el autor.
Julio G. Pesina es licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Químico-biológicas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas y docente del área de Ciencias Naturales en el Colegio de Bachilleres, desde 1995. Algunos cuentos y artículos suyos han aparecido en la revista Con ciencias de la Unidad Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades, en Red emprendedora del COBAT y en las revistas virtuales Malasinfluencias, Ficticia y El cuento. Su obra Que los muertos vivan en paz es el número 264 del Fondo Editorial Tierra Adentro y está a la venta en las librerías Educal de todo el país.
De Julio G. Pesina se dice que es un provocador. Su estilo incisivo se refleja con lucidez e ironía en su particular universo donde las historias encuentran en la tragedia, el humor y la brevedad su máxima virtud. La clave de sus cuentos -se comenta en las líneas de presentación de su libro Que los muertos vivan en paz, texto ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2002- descansa en el frágil destino de sus criaturas, estoicas o cínicas, pero invariablemente contaminadas por el misterio de su santidad caída.
A los personajes creados por el autor les suceden cosas extraordinarias: librar una guerra de celos con una caricatura o tener relaciones sexuales con un santo, son algunos de los conflictos y padecimientos que conducen de la jocosidad al desencanto. "Aquí caben todas las sutiles transgresiones cotidianas que nos revelan la ineludible soledad e incomunicación humanas".
Que los muertos vivan en paz incluye trece cuentos, uno de ellos es homónimo a la publicación, y varios abordan los problemas de los adolescentes, tales como el despertar de la sensualidad, la amistad, la traición, la venganza y la culpa; así como las vicisitudes enfrentadas por los adultos, incluidos la desesperanza, el abuso del poder, el maltrato a la mujer y su utilización como objeto de placer, la incomprensión y la locura.
En el cuento La venganza de Piolín el autor expone lo anterior con una claridad excepcional: "A mitad del semestre ingresó María Gloria a la prepa, con sus dientes perfectos enmarcados en aquellos alambres inútiles y sus ojotes verdes que se quedaron grabados para siempre en la mente de los muchachos. Pero si algo recordaba Luis con insistencia, podría decirse que hasta en forma enfermiza, eran sus calzones de Piolín, que viera un día que Mayoya subía las escaleras".
En los cuentos de pronto sucede que los amigos compiten por una mujer, o que el amigo y la mujer compiten por un tercero. Así, la vida de los personajes es matizada con tonos trágicos, eróticos y humorísticos.
La muerte, que es un tema recurrente en los relatos, se hace presente en distintos niveles: la muerte física, las ilusiones muertas y los pueblos muertos representan la urdimbre de las acciones en los ambientes rurales y escolares, descritos por el autor.
Julio G. Pesina es licenciado en Ciencias de la Educación con especialidad en Químico-biológicas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas y docente del área de Ciencias Naturales en el Colegio de Bachilleres, desde 1995. Algunos cuentos y artículos suyos han aparecido en la revista Con ciencias de la Unidad Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades, en Red emprendedora del COBAT y en las revistas virtuales Malasinfluencias, Ficticia y El cuento. Su obra Que los muertos vivan en paz es el número 264 del Fondo Editorial Tierra Adentro y está a la venta en las librerías Educal de todo el país.

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